La penúltima ocurrencia de Donald Trump —que la selección italiana, que no logró el pase para el Mundial de fútbol, sustituya al combinado de Irán, que sí lo consiguió en el campo— no ha recabado, de momento, ninguna aprobación entre las partes implicadas. Ni de la FIFA ni del país transalpino. La propuesta del enviado del presidente estadounidense, Paolo Zampolli, a la federación internacional de fútbol ha chocado, según las primeras reacciones, contra el reglamento y el orgullo herido de una nación que hace un mes culminó el gran fracaso histórico de no obtener el boleto por tercer Mundial consecutivo.
Fuentes de la FIFA afirmaron a este periódico que la sugerencia impulsada desde la Administración Trump tiene todos los visos de resultar inviable. Sobre todo, porque, aunque Irán no acudiera a la gran cita, algo poco probable, la selección que le relevaría tendría que salir de su misma confederación, la asiática. En ese caso, la sustituta sería Emiratos Árabes Unidos, que perdió en la última ronda de Asia una eliminatoria contra Irak (esta selección se clasificó luego para el Mundial tras derrotar a Bolivia).
Esta primera reacción del gran organismo del fútbol abundó en la línea de las palabras expresadas hace unos días por su presidente, Gianni Infantino, en las que insistió en que espera que Irán pueda participar con toda normalidad en el Mundial que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá entre el próximo 11 de junio y el 19 de julio. La selección iraní se encuentra encuadrada en el grupo G, con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, y sus tres partidos de la fase inicial está previsto que se disputen en Los Ángeles y Seattle, aunque se ha llegado a plantear un cambio de ubicación de última hora para que jueguen en México en lugar de hacerlo en EE UU. En diciembre, la FIFA planeó convertir su tercer encuentro, contra Egipto, en el partido del orgullo para celebrar y defender los derechos LGTBIQ+, una decisión que generó mucho ruido porque ambos países son contrarios a ellos.



