En Europa, Cada vez que planteas una pregunta a un chatbot de inteligencia artificial, en algún lugar, quizá a un continente de distancia, una nave llena de ordenadores se pone a trabajar a pleno rendimiento para responderte y se consume una cantidad ingente de energía para darte una respuesta en cuestión de segundos.
Los centros de datos, los espacios físicos que alojan los superordenadores y los componentes asociados que sostienen el espectacular auge de la IA, son piezas clave en esta era del procesamiento avanzado de datos.
Pero su voracidad eléctrica se está convirtiendo en un problema en sí mismo. Estas instalaciones son cada vez más grandes, más numerosas y mucho más intensivas en consumo energético, y la energía necesaria para mantenerlas en funcionamiento crece al mismo ritmo.
Estados Unidos domina actualmente el panorama mundial con unas 5.400 instalaciones frente a unas 3.400 en toda Europa, según datos de Cloudscene, y el continente se esfuerza por cerrar esa brecha. El problema es que reducirla tiene un coste energético enorme, y la red eléctrica del continente ya tiene dificultades para atender la demanda actual.
Un importante estudio reciente de Interface, un laboratorio de ideas europeo especializado en energía y política digital, pone de relieve hasta qué punto se ha vuelto aguda esa tensión. El informe advierte de que, sin una reforma urgente, las ambiciones europeas en materia de IA pueden convertirse en costosos activos varados, que absorban electricidad y dinero público mientras se les da la espalda en favor de opciones mejores en otros lugares.
«Construir instalaciones de varios cientos de megavatios que no utilicen de forma eficaz la capacidad contratada sería insostenible, no solo desde el punto de vista económico, sino también desde la perspectiva del sistema energético y climático», señala el informe.
Megaconsumidores de electricidad
Un hogar europeo medio consume unos 3.600 kilovatios hora de electricidad al año, es decir, unos 10 kilovatios hora al día. El centro de datos que hay detrás de su asistente de IA puede consumir, antes del desayuno, el equivalente diario a decenas de miles de esos hogares.
«La potencia de los principales clústeres de IA está pasando de unos 13 MW en 2019 a una estimación de entre 280 y 300 MW en el caso de Colossus, de xAI, en 2025, una cifra comparable a la demanda de unos 250.000 hogares europeos«, explica el informe.
Toda esa energía tiene que circular por alguna parte, y esa infraestructura ya está sometida a una presión considerable. La red eléctrica europea, la vasta malla de líneas, subestaciones e infraestructuras de transporte que lleva la electricidad desde donde se genera hasta donde se necesita, no se diseñó pensando en la IA.
Cuando una sola instalación nueva reclama de golpe cientos de megavatios, no basta con enchufarla y ya está. Tensiona y agota todo el sistema a su alrededor, puede obligar a costosas ampliaciones y desplazar a otros usuarios que compiten por esa misma capacidad energética.



